¿Estás bien?
¿Estás bien?
—Sí, solo tengo una especie de cáncer.
He estado reteniendo rabia por muchos años y mi páncreas lo está sintiendo.
—Me confundes.
¿Eso que me dices es estar bien?
—Sí, ya estoy en un tratamiento generalizado.
Un especialista en energía pudo ver distintas zonas de mi cuerpo que requieren ayuda.
Estoy haciendo un tratamiento natural, aunque sigo con el tradicional.
—¿Cuál es tu diagnóstico?
Esa pregunta él la contestó con su tranquilidad de siempre al hablar conmigo:
—Es una pancreatitis que quiere producir un carcinoma, pero el equipo médico y yo lo estamos superando.
—Quiero verte hoy. Voy al médico a realizarme unos estudios. ¿Podemos vernos hoy?
—Disculpa, hoy fue un día de locos para mí. No vi tu mensaje a tiempo.
—¿Estás bien?
—Sí, aunque me volvieron a hospitalizar.
—¿Qué? Quiero ir a verte.
—Mejor no, cariño...
¡Feliz Navidad! ¿Cómo sigues?
Ese silencio absoluto me puso a pensar…
¿Estará bien?
¿Estás bien?
Hasta que recibí un mensaje desde su teléfono, escrito por una tercera persona: Ha fallecido. Ya no está físicamente entre nosotros. Oremos por su alma.
El impacto me llenó de lágrimas y más preguntas.
¿Cómo es posible?
Él dijo que estaba superando su diagnóstico.
¿Qué pasaba con él?
¿Era una pancreatitis o había algo más?
¿Por qué no me lo dijo?
Tantas preguntas me abrumaban, hasta que, a los días, recibí otro mensaje. Esta vez era de una amiga de él que tenía mi número telefónico.
—¿Supiste lo que ocurrió?
—Sí, pero estoy confundida.
—¿Sabes qué fue lo que ocurrió al final de sus días en esta dimensión?
—Tenía cáncer de páncreas. Tuvo dos quimioterapias y ya no soportó más. Yo fui el 31 para despedirme de él. Estaba hospitalizado. Se veía muy débil. Justo el 3 de enero falleció. Estuvo consciente casi hasta el momento de su partida. Lo voy a extrañar un mundo.
—Yo también... Él me enseñó una gran parte de lo que significa el manejo de las emociones. Gracias a él, he podido levantarme después de muchas caídas. Él, aun con barreras, se mantuvo cerca de mí, y algunas enseñanzas de vida que obtuve de él te aseguro que ya están fijadas en mí.
Prefiero recordarlo con su linda sonrisa, con esa capacidad de calma, así yo estuviera llena de inquietudes y preguntas. Siempre me mostró amor. Estuvo conmigo en momentos de oscuridad y también en momentos de brillo. Eso sí es ser amigos.
Adiós.
Te dedico este relato.
Confío en que, justo ahora, sí estás bien.
Por: Lisseth Barres