La guinda del pastel
Tres variaciones de un silencio
Variación I
El susurro
¿Cómo crees que me siento? ¿No tienes idea? ¿Cómo es posible? Tú sabes que eres la guinda de mi pastel, ¿o no? Bueno, me he encargado de decírtelo de mil maneras. Hoy elijo esta vía escrita porque, desde aquel primer encuentro contigo, perdí mi voz justo al verte, ¿recuerdas? No pude decirte todo lo que significas para mí. En pocas palabras, quiero decirte que, no sé por qué, yo me veo como una torta de vainilla que ahora tiene su guinda, y esa guinda eres tú. Te amo.
Variación II
El reproche
Ahí estás otra vez, preguntándote cómo es posible que no se dé cuenta. ¿De verdad crees que no tiene ni idea o solo te gusta el drama? Según tú, ella es la bendita guinda de tu pastel; qué tierno sonaría eso si no fuera porque te quedaste mudo cuando le viste la cara por primera vez. ¡Qué patético! Ahora que tu voz está de vacaciones, te toca esconderte detrás de un papel digital para explicar tu teoría de repostería amorosa. Muy valiente y encantador de tu parte.
Variación III
El grito
Se moría de rabia al verla ahí, tan imperturbable, preguntándose con el puño izquierdo apretado, cómo era posible que ella no tuviera ni la más mínima idea de su existencia. Le hervía la sangre al recordar su propia estupidez: esa imagen ridícula de la guinda y el pastel que le daba vueltas en la cabeza como un chiste de mal gusto; sí, igual a ese chiste que salió de ella: 'Te ves tan lindo así, sin hablar'. Él estaba harto de su propia cobardía, de ese silencio perturbador que lo dejó mudo en el instante en que la tuvo enfrente. Ahora, humillado por su incapacidad de hablar, no le quedaba más remedio que escupir sus sentimientos sobre una pantalla, odiando cada letra de esa confesión que llegaba tarde y por la vía miserable.
De estas tres variaciones, ¿cuál te resuena más hoy?
Si deseas contarme, te dejo el enlace a mi WhatsApp.